Ruby y su pareja, Buzz, eran dos vecinos muy queridos de la ciudad de
Cambridge, en el estado norteamericano de Massachusetts. Los habitantes
de esta población dedicaban mucho tiempo a contemplarlos, ver a qué
dedicaban sus vidas y cómo criaban a sus hijos. Y no por cuestiones
extrañas, sino porque ambos son ratoneros de cola roja (
Buteo jamaicensis) que
decidieron anidar en un núcleo urbano.
En
realidad, habría que decir que eran dos ratoneros, ya que Ruby apareció
muerta el pasado mes de abril. Su defunción causó bastante conmoción a
nivel local, e incluso
se convirtió en noticia a lo largo de todo Estados Unidos. Especialmente por las sospechas sobre el motivo de su muerte, que todo el mundo achacó a venenos.
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Recientemente,
un equipo de investigadores ha podido confirmar la razón por la que murió, y los habitantes de Cambridge tenían razón. Al realizar una serie de análisis forenses,
se encontraron tres tipos distintos de rodenticidas en distintos tejidos de Ruby.
Los rodenticidas, como su nombre indica, son venenos que se emplean
para combatir a distintas especies de roedores, como ratones o ratas. El
problema es que no son totalmente específicos – ningún veneno lo es – y
también afectan a otros seres vivos.
Obviamente, un ave cuyo
nombre es “ratonero” será de los más afectados por estas toxinas. El
nombre común lo reciben por el componente principal de su dieta. Vamos,
que la comida más común de un ratonero son los ratones – los roedores,
en realidad.
Pero no sólo ellos, también otras muchas aves
rapaces. De hecho, una de las causas más habituales de muertes
accidentales de este tipo de pájaros es la intoxicación por venenos, que
los humanos empleamos como plaguicidas.
También afectan a felinos, entre ellos a muchos gatos domésticos.
Y
a humanos. En muchos núcleos urbanos en los que se emplean
rodenticidas, resulta común encontrar a niños intoxicados por estas
sustancias. Ya se sabe que resulta difícil controlar en todo momento lo
que hacen los niños, y muchos acaban llevándose a la boca partículas de
estos venenos.
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De hecho casi al mismo tiempo en que Ruby apareció muerta, la EPA (
Environmental Protection Agency,
la Agencia para la Protección del Medio Ambiente de los USA) puso en
marcha mecanismos para controlar el uso de este tipo de sustancias, que
ya están reguladas pero necesitan un control mayor.
Esta
propuesta ha ganado fuerza gracias al cariño que los habitantes de
Cambridge le tenían a su rapaz urbana. Con la colaboración de los
ciudadanos, la Universidad de Tufts – centro al que pertenecen los
investigadores que han realizado los análisis forenses – ha creado un
fondo para estudiar el impacto de estos venenos en poblaciones de aves
rapaces, y también con el objetivo de concienciar a quienes los usan en
sus casas o campos de cultivo.
Por José de Toledo
Fuente:
yahoo.com Apuntes de Naturaleza
“Una cosa no es justa por el hecho de ser ley.
Debe ser ley porque es justa”