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| Foto de Baasgalgo |
Para cazar es necesaria un arma, munición, un poco de ropa ridícula de color verde y uno o varios perros, animales que (aunque supongo que habrá algunas excepciones) no dejan de ser una simple herramienta más, cuando ya no sirven se cambian por otros y en paz.
A finales de febrero la temporada de caza termina, es entonces cuando en algunas partes de España, donde el animal para cazar por antonomasia es el galgo, comienza lo que las asociaciones protectoras suelen llamar “el holocausto”, un nombre que no es exagerado en absoluto. Unos 50.000 galgos son abandonados en el monte o sacrificados de las formas más crueles y salvajes posibles. Para sus dueños, que no quieren alimentarlos hasta la próxima temporada de caza o que ya no les interesan porque tienen 2 o 3 años y ya no corren como antes, no valen ni el precio de una bala. Prefieren ahorcarlos, tirarlos a un pozo, a un canal de riego, a un barranco, quemarlos. Parece ser que ahora se está poniendo muy de moda atropellarlos, igual que hace unos años hubo varios casos en los que se arrastraba a los perros atados a un coche, con lo que quedaban destrozados.









