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A Carlo le cortaron las orejas a
tijeretazos para que pareciera
más fiero.
Una práctica muy habitual.
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Lo asegura Pau en el texto que nos manda al periódico y que abajo tenéis reproducido íntegramente. Lo sé porque casualmente dos de mis mejores amigas son de Ciudad Real, lo sé por mi propia experiencia. Claro que ojalá fuera el único punto negro, el único lugar repleto de descartes de caza, de una concepción generalizada utilitarista de los animales, de apenas recursos para dar respuesta a maltratos y abandonos, de apenas conciencia animalista, de muy poco interés por adoptar y dar segundas oportunidades. No es así por desgracia. Son legión los lugares que hacen parecer la situación en Madrid, Bilbao, Barcelona o Gijón (por poner cuatro ejemplos) paraísos de protección y concienciación animal.
Os dejo el grito de auxilio de Ciudad Animal, una protectora de Ciudad Real en una situación muy semejante a la de los 300 troyanos. Un grito pidiendo visibilidad, pero también ayudas concretas.





