...la Constitución de 1978 concibe al poder judicial y la apreciación
ciudadana del mismo. Se concibe constitucionalmente el poder judicial
como el que emana del pueblo y debe vigilar el efectivo cumplimiento de
las leyes. En tal condición, debe ser independiente e inamovible. Sin
embargo, hoy en día es visto como todo lo contrario: elitista,
voluntarista, ajeno a la realidad social, e implacable con el débil pero
laxo con el poderoso...
El actual marco constitucional impide
la autonomía del poder judicial y es, por tanto, incapaz de garantizar
la separación de poderes y la igualdad de todas las personas ante la
ley. Un proceso constituyente debería revertir esta situación y
configurar un poder judicial independiente, al servicio de la ciudadanía
y de la justicia igualitaria.
Continúa
la serie de artículos que Contrapoder dedica a los desafíos y
contenidos de un futurible proceso constituyente en España. Los
anteriores han sido firmados por su Consejo editor, Gerardo Pisarello y Gonzalo Boyé.
En un proceso constituyente -debate que desde este espacio estamos
promoviendo- hay que tener muy en cuenta las preocupaciones surgidas a
raíz de los últimos acontecimientos de índole “político-judicial”.
Sin duda, una de las mayores preocupaciones de la sociedad es, hoy por
hoy, la corrupción y su impunidad; otra, el cumplimiento de la igualdad
de todos ante la ley. A partir de aquí no es baladí plantearse si
realmente, en el marco constitucional en el que nos hallamos, es posible
la garantía real de la separación de poderes.





