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martes, 13 de mayo de 2014

"El Senado es poco compatible con la democracia mayoritaria"

Carlos Garrido y Eva Sáenz. Profesores de Derecho Constitucional.
Profesores en la Universidad de Zaragoza, plantean abiertamente la eliminación del Senado e invitan a revisar el sistema para hacerlo menos representativo y más participativo.

Carlos Garrido y Eva Sáenz. / Carlos Belver

Profesores en la Universidad de Zaragoza, Garrido y Sáenz plantean abiertamente la eliminación del Senado e invitan a abrir el melón de la democracia para hacerla menos representativa y más participativa. "Lo que frena esta apertura son los recelos de la clase política a perder el control de la agenda. Es lo que ocurrió con la iniciativa legislativa popular sobre la dación en pago", reflexiona Garrido. "En 1978 había muchas reticencias. Los partidos, ilegalizados hasta entonces, eran la prioridad. Pero ha llegado el momento de plantear otras opciones", añade Sáenz.

-¿Por qué son partidarios de suprimir el Senado? 


-Carlos Garrido: El Senado actual carece de funcionalidad porque duplica la representación política del Congreso aunque con una composición más conservadora por su sistema electoral; reitera la misma dinámica partidista y es completamente secundario, subordinado en el control del Ejecutivo y del ejercicio de la potestad legislativa, ya que sólo formula enmiendas que pueden ser rechazadas sin explicación siquiera, y tiene un derecho de veto que puede ser superado sin ninguna dificultad incluso por mayoría simple del Congreso. El Senado es inútil cuando su voluntad coincide con la del Congreso, y también es irrelevante cuando su voluntad no coincide.

-Dinamarca, Suecia y Croacia ya lo eliminaron. Canadá e Italia meditan hacer lo mismo.

-Eva Sáenz: En los países donde el Senado existe, la experiencia política es que no funciona como una cámara territorial. En Estados Unidos, Alemania o Canadá, donde el sistema de designación de senadores es diferente, la cámara opera partidistamente. En las democracias de partido las cámaras territoriales son una auténtica quimera. El Senado es un anacronismo que reproduce la dinámica partidista.

-Al Senado español se le quiso atribuir el rol de la interconexión territorial, pero, por ejemplo, existen foros como el Consejo de Política Fiscal y Financiera que cumplen esa función más ágilmente.
-E.S: Las relaciones intergubernamentales funcionan en los estados federales para poner en común las opiniones del centro y las partes. Si lo que se quiere es hacer partícipes a los entes subestatales, esas alternativas son mucho más eficaces. En España ha habido incluso conferencias sectoriales con capacidad decisoria, como ocurrió con la ley de dependencia.

-C.G: El Bundesrat alemán se considera un referente porque ahí colaboran teóricamente el Gobierno central y los länder. Sin embargo, resulta mucho más efectivo, flexible y barato articular el doble objetivo de la participación legislativa de los territorios en la decisión federal y la colaboración entre gobiernos mediante las técnicas de cooperación intergubernamental.

-¿Cuánto se ahorra el Estado con la supresión?

-C.G: El ahorro no sería especialmente significativo. La eliminación del Senado no se justifica tanto en términos económicos como de funcionalidad. Hablamos de una partida de 50 millones de euros en los Presupuestos de 2014.

-¿Ninguna experiencia internacional avala la existencia de esa cámara?


-E.S: Los senados son residuos contractualísticos por su origen histórico: nacieron de la unión de varios estados. En las democracias contemporáneas no hay necesidad de una segunda cámara porque se reproducen las dinámicas partidistas, se duplica la representación del Congreso e incluso cuando las mayorías son diferentes puede producirse un bloqueo, el problema que tuvieron en Alemania los gobiernos de Kohl y Schröder. Fue una de las justificaciones de la reforma constitucional de 2006. El Senado es poco compatible con la democracia mayoritaria y la eficiencia.

-La II República no fue bicameral.

-C.G: Las constituciones de 1812 y 1931 no contemplaban una segunda cámara. En cambio, en todas nuestras constituciones de corte conservador sí que se previó, y su funcionalidad era conservadora: cámaras de corte aristocrático clasista cuya función era defender a las clases dominantes de los supuestos abusos producidos en la cámara elegida por sufragio. En 1978, ese objetivo estaba fuera de justificación y había que buscar otros motivos.

-Uno de ellos fue convertirla en un espacio de enfriamiento o reflexión. Da casi risa visto lo visto.

-E.S: No se puede esperar otra cosa en una democracia de partidos. Si nos fijamos en las sesiones de control en Congreso y Senado, no hay ninguna diferencia. Grupos parlamentarios y disciplina de voto.

-C.G: Rajoy llevaba en febrero tres meses sin comparecer, incumpliendo la práctica generalizada por Zapatero de acudir una vez al mes. Las preguntas que se formulan al Gobierno en el Senado tardan meses en contestarse. No puede ser tampoco una cámara de reflexión desde el punto de vista legislativo porque tiene sólo dos meses para pronunciarse sobre los proyectos de ley que le remite el Congreso. En dos meses no se puede reflexionar sobre nada. Pero es que casi el 40% de las normas que se tramitan en las Cortes se aprueban por procedimiento de urgencia, y eso reduce el plazo del senado a 20 días.

-¿Son partidarios de la democracia directa?

-E.S: El reto está en saber hasta qué punto vamos a introducir elementos de democracia directa en la democracia representativa. España, en comparación con otros países, tiene un déficit en este aspecto.

-C.G: Ha habido propuestas en los últimos meses sobre todo para fomentar las iniciativas legislativas populares ampliando el ámbito material sobre el que pueden versar y reduciendo los requisitos para que prosperen. En los 35 años de democracia constitucional que llevamos, tan sólo han prosperado tres iniciativas legislativas populares. El balance de esta fórmula es más bien pírrico.
 

Fuente: malagahoy.es  
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¿Para qué sirve el Senado? Sus señorías responden


“Una cosa no es justa por el hecho de ser ley.
  Debe ser ley porque es justa”

jueves, 10 de abril de 2014

Separación de poderes: la deseable independencia judicial

...la Constitución de 1978 concibe al poder judicial y la apreciación ciudadana del mismo. Se concibe constitucionalmente el poder judicial como el que emana del pueblo y debe vigilar el efectivo cumplimiento de las leyes. En tal condición, debe ser independiente e inamovible. Sin embargo, hoy en día es visto como todo lo contrario: elitista, voluntarista, ajeno a la realidad social, e implacable con el débil pero laxo con el poderoso...


El actual marco constitucional impide la autonomía del poder judicial y es, por tanto, incapaz de garantizar la separación de poderes y la igualdad de todas las personas ante la ley. Un proceso constituyente debería revertir esta situación y configurar un poder judicial independiente, al servicio de la ciudadanía y de la justicia igualitaria. 

Continúa la serie de artículos que Contrapoder dedica a los desafíos y contenidos de un futurible proceso constituyente en España. Los anteriores han sido firmados por su Consejo editor, Gerardo Pisarello y Gonzalo Boyé.

En un proceso constituyente -debate que desde este espacio estamos promoviendo- hay que tener muy en cuenta las preocupaciones surgidas a raíz de los últimos acontecimientos de índole “político-judicial”.

Sin duda, una de las mayores preocupaciones de la sociedad es, hoy por hoy, la corrupción y su impunidad; otra, el cumplimiento de la igualdad de todos ante la ley. A partir de aquí no es baladí plantearse si realmente, en el marco constitucional en el que nos hallamos, es posible la garantía real de la separación de poderes.

sábado, 20 de julio de 2013

¿Para qué sirve el Senado? Sus señorías responden

La Cámara Alta debe decidirse pronto por un modelo de reforma que la acople al fin que la Constitución diseñó para ella si no quiere poner en riesgo su supervivencia

El pasado martes el Senado abordó en un arduo debate la reforma de la Administración que encabeza el Gobierno. De forma paralela se pronunciaba la calle. En Twitter, agrupados a través de la etiqueta #abcreforma, los lectores de ABC aseguraron en un 50% que el propio Senado sería el primer ente público que suprimirían de tener la tijera en sus manos. En concreto su presidente, Pío García-Escudero, sería el primero en ser recolocado. 

García-Escudero inauguró el curso que organiza la UNED muy consciente del recelo que genera la institución. «Lo que hay es una visión desenfocada de la realidad, distorsionada por un marco de desafección social», lamentó. Ahora Escudero encabeza la enésima intentona de reforma de esta institución, que (si no vuelve a retrasarse) debería ver luz pública en septiembre. 

Es de esperar que una vez «restaurado» este ente decimonónico se acople por fin al sentido que la Constitución proyectó para él: representar y defender los intereses autonómicos. «Actuamos en interés de nuestro modelo autonómico y, en definitiva, de nuestro sistema democrático parlamentario», explicó Escudero al presentar la reforma.

¿De notables a inútiles?

La Cámara Alta nació como una reunión de notables, de hombres de alta cuna. Sus raíces se remontan al Estatuto Real de 1834, promulgado en la época de Isabel II. Con él se instaura un sistema bicameral del que beberán las futuras constituciones españolas. 

El Senado desapareció durante la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y el Franquismo y resucitó mediante la Ley de Reforma Política. La Constitución de 1978 recuperó la Cámara Alta, pero con un papel muy distinto: según el artículo 69.1, será la Cámara de representación territorial. Un rol protagonista en el nuevo estado descentralizado.

Sin embargo, el diseño final del sistema bicameral español deja a la Cámara Alta con un papel secundario, sin apenas poder decisorio. Su única tarea será repercutir el eco sordo de lo que se decide en la Cámara Baja. Desde el punto de vista bicameral, el Congreso de los Diputados ostenta un claro protagonismo en la función legislativa, mientras que el Senado ocupa una posición de segunda lectura. 
 
Así, los proyectos de ley del Gobierno –con mucho los más numerosos- se presentan y se tramitan en la Cámara Baja. El Senado puede vetarlos o enmendarlos, pero tanto sobre el veto como sobre las enmiendas decide finalmente el Congreso. Lo mismo ocurre con el proyecto anual de presupuestos generales del Estado.

De otro lado, aunque el Senado controla al Gobierno a través de preguntas, interpelaciones y comparecencias, la relación de confianza se da exclusivamente con la Cámara Baja: es ésta la que inviste al Presidente del Gobierno al comienzo de la Legislatura y la que puede destituirle mediante la aprobación de una moción de censura o la no aprobación de una cuestión de confianza.

La sociedad hace tiempo que percibió esta duplicidad absurda y exige saber porque razón debe pagar por una institución que no le aporta en principio ninguna utilidad y que actúa en demasiadas ocasiones como lugar de retiro de viejas glorias políticas

Intentonas

El Senado lo ha intentado. La Cámara Alta acordó en 1994 la creación de una «Ponencia para el estudio de la reforma constitucional del Senado». Trató de atacar sus defectos en diciembre de 1996 y en junio de 2000, bajo el Gobierno Zapatero. Incluso en 2005, el Gobierno encargó un informe al Consejo de Estado sobre las reformas constitucionales imprescindibles, entre ellas la del Senado.

Este organismo consultivo propuso entre otras cosas un nuevo sistema en el que todos los senadores fueran de elección directa, y cada autonomía elegirá seis, otro por provincia, y uno más por cada millón de habitantes. Bonitas palabras que quedarán para el estudio en las aulas de derecho de las universidades y el estudio doctrinal. La Cámara Alta se aferra a su inmovilismo.

Renovarse o morir

¿Pero por qué es tan difícil abordar el cambio? En la opinión de Jerónimo Sánchez Blanco, ex diputado y constituyente, «el Senado podría convertirse en la piedra angular del Estado de las Autonomías si lo reformamos y nos olvidamos «de esa cámara de notables, nobles y arzobispos», pero el problema es que «los partidos políticos no quieren».
 
Bernardo Bayona trató de hacerlo. El socialista fue uno de los miembros de la ponencia de reforma del Senado del 94 que nunca llegó a ver la luz. Este ex vicepresidente de la Cámara Alta considera que ahora mismo es «una obligación política su reforma» y que esta «debería incluir una modificación del Titulo VIII, el correspondiente al modelo territorial del Estado».

En la opinión de este socialista que ha pasado dos décadas de su vida al servicio de la Cámara Alta abordar la reforma ahora mismo es imprescindible. «La población se pregunta “¿Por qué hay que pagar al Senado?» Porque lo cierto es que si el Senado desapareciera ahora mismo no pasaría nada».

Soluciones

El bicameralismo no es una anomalía del sistema español. Existen segundas cámaras en Estados Unidos, México, La India, Bélgica, Austria o Alemania. 

Un grupo amplio de expertos considera que el constitucionalismo español bebe en muchos sentidos del alemán y, en ese sentido el Senado podría acomodarse fácilmente en una versión española del Bundesrat, el órgano de representación de los dieciséis «länder» germanos. En la opinión de Ignacio Molina, investigador del Real Instituto Elcano y profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid «lo ideal sería un Senado inspirado por una parte «en las actuales Conferencias Sectoriales», donde se reunen representantes de cada Comunidad Autónoma para tratar temas en concreto, y por otra «en el Bundesrat alemán». 

La composición del Bundesrat es distinta de la de otros órganos legislativos propios de los Estados federados (como, por ejemplo, el Senado estadounidense). Sus miembros son nombrados y retirados directamente por los gobiernos regionales. 
 
En esta situación, opina Molina, podrían ocurrir «cosas interesantes». Por ejemplo, en la reforma educativa algunos de representantes autonómicos del Partido Popular se opusieron a la reforma Wert en la que se pedía un 6,5 para obtener una beca. En esta situación, con una Cámara alta con verdaderos poderes «podría haberse dado la paradoja de que un Senado de mayoría Popular paralizara la reforma educativa».
 
El exdiputado Jerónimo Sánchez Blanco también cree que «hay que incardinar a las autonomías en el Senado», solo que no al estilo del Bundesrat, sino a través de representantes elegidos por los parlamentos autonómicos. «Es la única manera de que el pluralismo político quede representado», considera. 

Elija la fórmula que elija, en plena crisis institucional el Senado tiene (quizás) la última oportunidad de hacerse un lavado de cara. De ser lo que debería haber sido o de simplemente, dejar de ser. En palabras de Pío García- Escudero, «no es el momento de apostar en ningún caso por menos Parlamento y, por tanto, menos democracia; todo lo contrario: más Parlamento, más democracia».
Fuente: abc.es

“Una cosa no es justa por el hecho de ser ley.
  Debe ser ley porque es justa”

“Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla"

“Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla"
(tomada de Cicerón). Nicolás Avellaneda
¿Y porqué no puede existir un mundo en PAZ?

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Nos falta tener más unión, más amor,
recuperar esa humanidad que hemos perdido,
y sobre todo mucha más humildad!!
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El mundo no cambia porque haya llegado la primavera...

El mundo no cambia porque haya llegado la primavera...
...pero quizás el buen tiempo nos de más fuerza para luchar por ello. Por eso la primavera aparece siempre como un sinónimo de vida y del renacer.

Libres!!

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